miércoles, 4 de noviembre de 2009

Una mujer que bate crema puede ir a la guerra

En la cocina.
No hacía un licuado, batía crema con la batidora.
Momento alucinante.
La energía venía de dos lugares precisos:
1. el enchufe de la pared donde estaba enchufada la batidora.
Sentía como una fuerza inigualable se deslizaba por el cable hasta llegar a mí.
2. mis pies que tomaban la energía de la tierra, que se transmitía a lo largo de mis piernas, entre venas.
Agustín-Batidora, eran una misma cosa. Una misma fuerza.
De pronto: entendí.
No había una fuerza natural en mí. Yo solo manejaba la fuerza de la batidora.
Los hombres que batían crema en el 1800, ellos sí, que hacían fuerza.
Mientras seguía batiendo pensaba en esos hombres, en como enorgullecían a sus mujeres batiendo crema.
Pensé también cuanta crema podían llegar a batir a lo largo de su matrimonio.
Seguido, imagine a un montón de hombres alrededor de un INMNESO pote lleno de crema de leche. Ellos preparados para batir, mientras sus mujeres sonreían y alentaban a sus maridos desde las gradas. Los hombres mirándose entre ellos y trabando la musculatura para demostrar quien era el más fuerte de todos.
Al instante soñé a una nena viendo a su padre batir la crema, y pude ver en esa imagen tan pasional que ella soñaba ser como él, como su padre corajudo y perseverante, que en esos momentos estaba batiendo con tanta excitación que transpiraba sin parar, mojando con su sudor el tenedor de madera gigante que en aquellos años se utilizaba para batir.
La nena crecería, se ejercitaría hasta sacar más músculos que el padre y lucharía toda su vida por obtener un lugar en las grandes ligas de batimientos de crema de leche que se hacían al sudeste de una ciudad desértica de Estados Unidos.
Al tiempo Hollywood tomaría la historia para hacer una MEGA-SUPER PRODUCCIÓN, con toda la publicidad de la película y todo el merchandising de la nena que luchó contra todo lo establecido, demostrando que las mujeres también pueden ser heroínas reales del sistema, dejando en evidencia un gran mensaje subliminal: las mujeres TAMBIÉN pueden ir a la guerra.

En tanto, Estados Unidos, sigue dando lo mejor de sí para que siga habiendo guerras y en un futuro y de una vez por todas, las mujeres dejen de ser discriminadas y tengan el DERECHO de ir a la guerra como cualquier ciudadano estadounidense-

Después me acordé que estaba batiendo la crema.
Demasiado tarde... se había cortado.

Colgado, ¿yo?





En imagen: Isabel. Conocida en el barrio de San Isidro por su amor a los gatos callejeros, su pasión por las flores y por su devoción al Dios de La Biblia, de quien tanto predica.
Después lo que haga con su vida es otra cosa. Yo, solo comentaba porque es conocida.

Podría haber ido a la guerra tranquilamente.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Mediocridad y patetismo.

Bubón Bardo dijo...

Sólo un mediocre anónimo deja un comentario tan patético.

Paula Sol dijo...

jaja los anónimos son lo más!

leyendo me acordé de que mi papá batía crema adentro de un tapper sacudiendolo con fuerza (en mi casa los utencillos de cocina nunca sobraron)
Una vez batió crema adentro de una botella de plástico y después la cortamos pa sacarla... en fin
saludos!

Bubón Bardo dijo...

Pau, me encantó tu anécdota, pero no comparto lo de que los anónimos son lo más.
Para mi son los más...cagones.
Nadie que tenga porque avergonzarse de lo que opina firma con Anónimo.
Si esa persona hubiese expresado su comentario de una forma crítica que nutra, que tenga un mínimo de sensibilidad por quien esta del otro lado del monitor dejando sus sentimientos e ideas, entonces si lo tomo como algo valedero y reflexiono al respecto.
De seguro, el que escribió eso no se anima a hacer, ni a ser, y como no tiene ese valor, ni esa seguridad de ser autentico, opta por un comentario que no hace más que evidenciar lo que es-.
No se trata del que tiene más aguante para irse a las trompadas, se trata de tener la valentía de expresarse, siendo uno, sin ningún tipo de prejuicios.
¿qué será para esa persona el patetismo? ¿qué será él o que será ella?
A mi no me importa, a ellos debería de importarles.
No me jode que me digan esta mal escrito, porque es lo más probable, pero: ¿quién sos para opinar con tanto desprecio sobre mi imaginación o lo que en mi habita?
Soy Agustín Marcenaro, lo puedo escribir, sentir y hacerlo valer por el simple hecho de ser yo; acá, en Bubón, en la calle, en donde sea.
"Ladran Sancho señal que cabalgamos".

Anita Leporina dijo...

Yo te bato chantilly con una ballesta.


Me gustó mucho el blog.

Bubón Bardo dijo...

gracias Anita Leporina, tu blog también me gusta mucho! :D

besos