viernes, 5 de febrero de 2010

EJERCITO DE LIBERACIÓN INTERIOR





Soldado que avasallas los miedos mortales
Que te quitas los prejuicios mediocres
Con tanta paz y tanta angustia
Que podrías enterrarte en tu vuelo:
Libérate y libérame del mal
Que llueve de esos restos de seres homicidas de pensamientos.

Soldado que combates tus derrotas
Que llevas a tu gloria arrastrada por los suelos
Mata la palabra realista del afuera insulso
Llena de amor los huecos abundantes de temor
Y grita al suelo lo que te grita el cielo
Para que tus pies entiendan por donde viaja tu cabeza.

Soldado que disparas a ti mismo los disparos ajenos,
Ten siempre en cuenta que tu liberación es interior,
Que puedes salvarte: salvándote de todo,
Que en su camino de cemento no te embarren
Que tú eres tiempo para no perder.

Soldado deja el uniforme, las armas, las balas,
Toma tu ser y hazlo explotar en lo más furtivo de sus mentes.









Imagen desde un televisor- ahí es donde a la gran parte le gusta mirar.




Soldado mira a quien le das la mano, te pueden convertir en fantasma.




Soldado: obedece tu sentir.



martes, 2 de febrero de 2010

Un sentir

"...el ideal renacentista consideró la poesía, como las armas o la música, una de las manifestaciones de la capacidad viril."
Lionel Trilling



De pronto me sentí en Inglaterra.
Estaba tirado en la cama leyendo la página ocho del libro: “El Escritor y La Sociedad” de Trilling cuando una brisa húmeda y extraña entró por mi ventana, despabilando mi cara y algunas ideas.
Desconcentré mi vista del libro y lo primero que vi fue a mi gata caminando lentamente por la cornisa de la ventana abierta que iluminaba mi habitación. La quietud inglesa, el afuera reflejaba un fondo gris-nublado sobre techos lejanos.
“Our house, in the middle of our street” me cantaba la vista.
Moví mis ojos hacia los costados, la puerta del placard era inglesa, la pared también, la luz. Todo tenía aire ingles. Olía a Inglaterra.
Me sentía bien de poder sentirme en otro lugar, de poder sentir esa vibración mental que me atacaba ferozmente y no me dejaba salir del pensamiento. En verdad tampoco deseaba alejarme, por cierto: lo extraño me atrae en demasía.
Segundo fatal y una pregunta: “¿Cómo te podes sentir en Inglaterra si nunca estuviste allí?”
Un grito interior me dijo con naturalidad de niño eufórico: “¡Mooortaaal!”
Busqué, entonces, emocionadamente qué –algo- podría hacerme sentir así.
“Claro, las películas” pensé. Ellas tienen ese poder; como cualquier imagen, la de construir en nuestras mentes esos -algo- provenientes de nuestra imaginación, que son tan fuertes que pueden influenciar directamente en nuestros sentidos.
“Si, si, si, demasiado teórico amigo”.
Puede que lo haya vivido en otra vida entonces, sino no me explico porque me sentí tan arraigadamente en Inglaterra.
Y no fue un sueño porque les aseguró que no cambio el sabor de mi tierra por ninguna, de hecho detesto el clima que tiene el Reino Unido: demasiada humedad, demasiada lluvia. Pero son gustos, claro, no se ofenda nadie, ni siquiera usted: yo de mi otra vida.
Hay veces en las que pienso que debería ser el doctor de mi sentir y hay otras veces en las que creo me ayudaría más ser el psicoanalista.
En fin, no se cuanto tiempo haya pasado desde que empecé a escribir estas líneas pero el aire ha cambiado, el olor ha mutado. Mi mirada me expande sobre el espacio que me rodea, el cielo me llama, le apunto con los sentidos y respiro profundo: me percato de que hay otro clima: ahora me siento en Indonesia.



jueves, 21 de enero de 2010

Granito


Ezequiel trabaja en un call center.
Cuando todos le hablan al monitor, él se escapa al baño a explotarse los granos de la nariz.

Suenan teléfonos a lo lejos entre el ruido chato de las voces esclavas.

Se mira al espejo y empieza:
UÑA-GRANO-UÑA
PUS rebalsando.

Ezequiel desearía que todo bicho que habla en call, fuese un granito en su nariz.

Él sueña con hacerlos explotar de una vez por todas.



miércoles, 13 de enero de 2010

iupi iupi al infinito

de una conversación con Janie Jones se disparó este poema para reirse un montón.






Iupi iupi al infinito
se sirve en el ombligo
se fabrica un finito
se lo fuma, no se escucha
¿Como dijo?
“Me siento el joven manos de tijera con un arbusto mullido”
Eso bien rima con mi tío.
Voy voy que llego a donde estoy
Que paradoja, que boludes
Que compro a mitad de precio
lo que no me vendes.
Iupi Iupi al infinito
Se vistió de azul el pajarito
Fue y le botoneó al amor
Que de ves en cuando pienso en vos.
“¡Bajen las banderas que acá llegó Colón!”
Como le gusta a Cristóbal salir por televisión.
“Bajen bajen las barreras que la farolera tropezó.”
Te lo dice el diablo cagado de calor.

Y porque se conocen todos
se odian con pavor
yo para que se quieran les ofrecería un colchón.

No los culpes
no me dudes
ni te asuste de mis manos
que este Rebuscado te lo deja bien claro.
Iupi Iupi al infinito
Que me voy y no te aviso



lunes, 11 de enero de 2010

PIEL ALFILER

Poesía Flashera:



"La muerte es para los hombres"
me tatúe con el coraje de un alfiler
Abrí un coco y me lo tomé.
Que lugar hermoso este sabor, me quedaría unos días pero vivo por Hong Kong.
Acá nomás pasa el 152, “el que espera desespera” confesó.
¿Quién? ¿Quién lo ha hecho?
Ella, quien sino-
Ella confesó toda la confusión.
Y el 45 ya no me deja en vos
Nada lo hará
Para variar y variar
Está dicho corazón: “ese coco no fue amor”
Te lo dice un alfiler con el coraje de la piel.




(No hay que saber de todo para saber, yo - sólo - quiero - volarte - las - ideas)



viernes, 8 de enero de 2010

¿A quién se le ocurre?





¿A quién se le ocurre?

Titulo florido para semejante arrebato a la sensatez
¿a quién se le ocurre?
Ayer imaginé una masa hedionda capaz de atraer la estupidez de forma automática.
Se explica así:
caminante de pies esquivos al conocimiento,
de ojeras televisivas,
de madrugadas bostezantes con futuro de despertador inquieto,
es arrastrado por el incesante olor a mierda
que despierta un gran pedazo de algo indescriptible,
que con un poco de esfuerzo se podría describir así:
es cuadrado como un televisor, pero grande como una cancha de fútbol.
No es un objeto inmóvil, por el contrario se mueve, tiembla, es como una gelatina de novecientas mil toneladas en movimiento constante consigo misma.
Todos los cuerpos de pocas ideas son arrastrados lentamente hacia ella. Esa gran masa color cemento los absorbe hasta su centro...donde se pierden de vista.
El hedor se hace más fuerte y poderoso a medida que los hombres de ojos iguales son consumidos, atraídos por ese no sé que.
De pronto las calles se vacían, quedan pocos hombres dando vueltas, buscando una explicación, ellos no huelen nada. Piensan, recurren a los libros, se juntan, generan debates, no entienden. Análisis de todos los tipos, sangre- glóbulos rojos, blancos- no dan respuestas. ¿Por qué nosotros no? Era la pregunta.
Lo más sorprendente era que todos querían saber, se interesaban y trabajaban sobre el tema, buscaban un cambio, todos los que habían quedado creían que podían cambiar las cosas. Tenían ideas, se esforzaban, trabajaban unidos dejando de lado el individualismo, el egoísmo y el poder.
Ese era el punto, eso tenían en común. Ellos siempre fueron iguales-pares, desde antes de la aparición de la gran masa hedionda, todos ellos tenían los mismos ideales de unión y revolución.
Quedaron los hombres con conocimientos abiertos al cambio, a la lucha, a la esperanza de un mundo mejor. Se vieron así mismos, no sabían que hacer.
La gran masa se había devorado a los hombres necios, a los que no creían en el granito de arena, a los que estafaban a los sentimientos con excusas cómodas.